martes, mayo 11

"LA HIJA DEL ORGANILLERO"

Era un día común y corriente para Libertad. Por entre la gente le costaba ver el sol, debido a su baja estatura, mientras bailaba una especie de vals con su sombrero negro en la mano. La gente parecia sonreírle pero le era dificil distinguir caras, eran tantos que parecían sólo una gran masa negra, riendo, apladiendo, envolviendola, tapandole la vista al cielo. Libertad sonreía feliz. Después de dos años, ya se había acostumbrado a las multitudes, la gente había dejado de ser rostros para ella, lo unico que valía algo era el dinero que le dejaban en su sombrero, viejo y roñoso. Pero a ella no le importaba que fuera roñoso, su padre se lo había regalado para su cumpleaños hace varios años. Era qizás la única cosa que le había regalado, y le había pedido que lo utilizara para sus shows. En realidad, para Libertad, la gente era una dicha, pero su padre le repetía constantemente que al entretención no era nada si no obtenían una recompenza al final del día. “Pero ¿y las risas de los niños papá? ¿Y los aplausos de sus madres cuando termina tu canción?”, le preguntaba la niña a su padre. “Yo no veo las risas ni escucho los aplausos, cuando toco mi música lo único que veo es a mi pequeña Mimi bailar. Además que con felicidad no puedo alimentar a Mimi”, dijo Manuel, su padre. “Ni a mí tampoco”, suspiró Libertad. Su padre no contestó, nunca lo hacía. No era porque no quisiera, era porque simplemente nunca tenía tiempo, siempre estaba cuidando de Mimi. Manuel era un hombre viejo ya, de cincuentaitres años, que fácilmente podía representar setenta. La vida le había dado una barriga enorme que a duras penas tapaba con una chaqueta de rayas rojas y blancas, con una tira de botones dorados, la mayoría descocidos ya que parecía engordar más y más con cada día que pasaba. Su cara era rojiza, de cachetes prominentes y rechonchos. Sus ojos claros se perdían en la grasa que almacenada en su cara, y a ratos su nariz pequeña y redonda se perdía en el tono abochornado de sus mejillas y sus ojos rojos que parecían nunca descansar. Su pelo, escaso y ya casi más blanco que grisaseo, iba adornado con un pequeño gorro rojo, que le tapaba su calvicie incipiente. Libertad solía pensar que era la clara imagen del viejito pascuero, especialmente porque en navidad los niños adoraban ir a verlo tocar el organillo, y luego por las noches desaparecía. Nunca recibió un regalo el veinticuatro de diciembre, pero se confortaba pensando que su padre debía estar repartiendo regalos a todos los demas niños alrededor del mundo. Ultimamente, ya no lo creía así. Por las noches, desde la pequeña y única ventana con la que contaban en una habitación de mala muerte que arrendaban cerca de una estación de metro, veía a su padre salir tras mujeres vestidas de manera exhuberante, con tacos altos y faldas cortas con lentejuelas brillantes. Muchas veces lo había visto salir tropezando, echado por otros hombres del lugar, y las mismas mujeres lo golpeaban, tratando de escaparse de sus manos regordetas y mugrientas. Si su padre era el viejito pascuero, la gente no lo trataría así, pensaba. Esas noches solitarias, la única que le hacia compañía era Mimi, pero con ella ni siquiera se podía hablar. Cada vez que su padre las dejaba solas, Mimi se encargaba de romper todo lo que podía encontrar, que no era mucho porque poseían escencialmente prendas viejas, un par de lámparas y una mecedora. Pero Libertad guardaba bajo la cama que compartían los tres una pequeña caja de zapatos. En ella, Libertad podía escapar a todos los lugares del mundo, viajar por las selvas junto con los tigres, visitar los adentros de las piramides en Egipto y pararse en la cima de la Torre Eiffel, y observar las luces de París por las noches. Hace un par de años se había instalado una feria artesanal, a la salida del metro donde Mimi y su padre entretenian a la gente. Desde que Manuel encontró a Mimi, Libertad tenía mucho más tiempo durante el día para explorar el mundo por su cuenta, hablar con la gente y hacer amigos. Un par de peruanos tenían puestos de libros e historietas y al ver la cara de fasinación de Libertad, quien había aprendido a leer memorizando los recorridos y las líneas del metro, le regalaban un par de libros todas las semanas. Cada vez que podía, Libertad les iba a agradecer, y con el corazón en la mano luego de ver a la niña actuando con su padre, le regalaban las cosas que a las demás personas no les parecía interesar. Así, Libertad fue creando una pequeña colección de historietas, cuentos cortos, algunas revistas con fotografías alucinantes de lugares con nombres extraños, que los mismos peruanos le habían enseñado a pronunciar. El día anterior, antes de que su padre volviera a la pieza, había visto fotos de una escultura gigante. Era una mujer con un vestido largo, como de seda que le llegaba hasta los talones, y una antorcha que sujetaba en alto con su mano derecha, y lo que parecía ser un libro en la otra. Angelo, un amigo de ella, peruano de veintiseis años, le había dicho mientras atendía su puesto, que era un monumento gigante llamado la Estatua de la Libertad. La niña, pensando que era una broma más de Angelo, estuvo toda la tarde leyendo sobre su historia. Le era dificil creer que podía haber un monumento enorme en otro país del mundo con su nombre, y que era mundialmente conocido, como las modelos que salían en las portadas de las otras revistas que tenía. Quizás algun día alguien haría una estatua de ella. Alguna vez lo había soñado, cuando su padre la hacia bailar junto a él. Cuando la gente se le acercaba para hacerle cumplidos y acariciar su largo cabello negro. Ahora, ni siquiera su padre parecía mirarla. Ella no lo culpaba, pero Mimi podía demandar demasiada atención, tenía un temperamento horrible, del cual su padre aún no se percataba. Parecía ser que el simio sólo era violento y escandaloso cuando su padre salía. Hace un par de años, cuando su madre murió, le dejó suficiente dinero a Manuel de su herencia familiar como par costear sus gastos por algun tiempo y que vivieran bien. Manuel, pensando en expandir un poco su negocio, había llegado a un acuerdo bastante barato con un tipo que vendía animales en extinción para comprarse un mono. Así fue como llegó Mimi a sus vidas, una pequeña mona capuchino negra con blanco. Esa semana fue la ultima semana que recuerda haber visto a su padre con dinero y despreocupado. El resto del dinero lo invirtió en un organillo nuevo, bebidas alcholicas exoticas, mujeres y en gran parte, deudas.

Cuando estaban las dos solas, Mimi nunca la dejaba leer, le quitaba sus revistas, las rompia, las mordía, e incluso a veces hasta la mordía a ella. La única forma de controlarla era dandole de comer, pero eran pocos los días de la semana que Libertad tenía algo de comer, y aunque al principio le costo trabajo aceptar estas condiciones de parte de Mimi, teminó cediendo sólo para lograr tener un poco de paz y tiempo para soñar. Soñar que algun día estaría ella en Nueva York, sosteniendo una antorcha y siendo fotografiada por miles de personas.

Hoy, en cambio, Libertad no lograba conciliar el sueño. Su padre estaba tendido al lado de ella, sollozando, pero eso no era lo que la tenía más inquieta, su padre solía llorar un par de veces a la semana. Esta vez, en cambio, Libertad sollozaba a su lado, abrazando la caja de zapatos rota. Como era de costumbre Libertad había llegado después de las siete de la tarde a la habitación. En un café, cerca de la plaza frente a las ferias artesanales, le habían regalado nuevamente un pan con jamón y queso. Había pasado dos días ya sin comer, y aún sabiendo las consecuencias que le podía traer lo que iba a hacer, Libertad simplemente no se pudo resistir. Se comío el pan completo y hasta tuvo las hagallas de pedir un poco más a la amable señora Julia que atendía las mesas. Una vez que su padre se había largado al bar, Libertad se quedo nuevamente con Mimi, que mordió y rompió todo el lugar, escupiendole a Libertad y tirandole el pelo. Por primera vez en dos años, Libertad no tenía nada que ofrecerle a cambio. Nada, excepto más cosas que romper. Los ojos de Mimi brillaron con venganza al ver la caja que la niña descuidadamente había dejado encima de la cama y, sabiendo que era mejor no acercarse, Libertad no encontro nada que hacer más que sentar en el polvoriento rincón de la pieza, sucia y desordenada, y dejar que el mono rompiera y se tragara gran parte de su colección de libros. Los ojos negros de Libertad rebozaban en lágrimas y su voz no se atrevía a dejar sus labios. Podía sentir la pequeña llama dentro suyo que la mantenía sonriente día a día apagarse, como en un eclipse solar, privandola de luz, de calor. Cuando Mimi terminó, se quedo quieta sobre la mecedora, mirandola. Los ojos de Libertad, alguna vez grandes, ahora reducidos al tamaño de una lágrima, habían dejado de brillar. Ojos que alguna vez similaron zirconia negra no parecían más que hoyos, intentando digerir lo que veía. La cabeza de la estatua de la libertad colgaba entre los dientes de Mimi que masticaba con gusto.

Esa noche, Libertad soño que bailaba vestida de negro acompañada de un grupo de titeres en el fondo de un teatro vacío y sin luces. Al final del sueño, todos los títeres tenían su cara, y al tocarse la cara Libertad se daba cuenta que tenía ojos de botones dorados e hilos que salían de su vestido. Libertad se despertó tres veces seguidas, tocandose los ojos, asegurandose de que seguían ahí. A las cinco de la mañana su padre ya habia dejado de llorar. Sus ronquidos junto con un extraño olor a orina y vino se habían confabulado para impedirle volver a dormir. Mimi yacía en la antigua mecedora de su madre, durmiendo felizmente. Aún habían trozos de hojas de libros y fotografías esparcidas en el suelo. Libertad juró que no se volvería a sentir así. Derrumbada.

Al día siguiente, como nunca en el mes de marzo, el cielo estaba negro y llovía a cantaros. Era un poco pasado las cinco de la tarde y con su padre habían salido con el organillo en mano y Mimi sobre el hombro de Manuel. Debido a la fuerte lluvia y dado que fuera del metro no había techo, Manuel decidió realizar su show dentro de la estación de metro. Los guardias de la estación le habían impedido en un principio entrar con un mono, pero basto con que Mimi les mostrara una pequeña parte de su baile acompañada de la música de Manuel para que los guardias rieran y los dejaran pasar por un par de horas. Manuel, agotado porque habían tenido que subir un par de escaleras, se sento por unos minutos, excusandose con que estaba congestionado y que le costaba mucho respirar. Libertad comía de una pequeña barra de chocolate que había comprado con un par de monedad que había guardado para ella del show de ayer. Mimi por su lado, bailaba y saltaba cerca de las líneas del metro. Cuando Libertad accidentalmente hizo sonar el envoltorio del dulce, Mimi la miro inmediatamente con cara de amenaza, mostrandole los dientes y golpeando el suelo con sus diminutas manos. Libertad la miró asustada, y por dos segundos se le cruzó por la mente que esta podía ser su oportunidad de deshacerse de la razón encarnada de todo lo malo que le sucedía. Miró a su padre, que seguia ajetreado y se golpeaba el pecho para dejar de toser. Mimi empezó a acercarse lentamente a Libertad, con la misma cara asesina que la noche anterior. En un impulso de pánico y venganza, Libertad arrojó un pedazo de chocolate a las vías del metro. Y tal como si Mimi hubiera estado atada con un hilo al chocolate, la mona saltó sin pensarlo dos veces. Libertad cerró los ojos y sintió una fuerte brisa refrescante soplarle la cara y el pelo. Al abrir los ojos, un par de personas se estaban bajando del vagón del metro, algunos leyendo el diario, otros escuchando música. Ninguno de ellos supo nada, hasta que Manuel comenzó a gritar por entre su tos. Grito el nombre de la mona tantas veces que después de un par de minutos parecía no tener sentido lo que decía. Su cara estaba roja como nunca lo había estado y por segunda vez en la vida Libertad vio lágrimas brotar de los celestes ojos de Manuel. Libertad sentía que estaba parada justo al medio de uno de esos remolinos de papel que venden en las plazas. Todo giraba, una gran masa de griteríos, de empujones, de colores. Hasta que el remolino dejó de girar. Estaban nuevamente en la habitación sucia y mugrienta. La caja de zapatos seguía rota, algunos trozos de papel aún en el suelo. Libertad estaba sobre la mecedora de su madre mirando fijamente a una mosca caminando en el suelo que había escapado de una telaraña pero aún no lograba hacer funcionar sus alas. Manuel estaba tirado sobre la cama, mirando al techo sollozando un poco aún, intentando no ahogarse. No podía dormir de espalda porque se ahogaba por su gordura pero últimamente le costaba trabajo dormir de lado también.

Después de lo que parecieron horas, Libertad se paró de la mecedora y camino hacia su padre, rojo de tanto llorar. Sin querer piso a la araña que perseguía a la mosca en el suelo; acto que paso inadvertido para la pequeña. Se sento al lado de su padre, que vagamente noto su presencia, hasta que su hija le tomó las manos. “Papá por favor para de llorar. Mimi murió pero no todo está perdido. Aún tienes tu organillo…y a mí. Antes de Mimi tenías un show también, ¿te acuerdas?...” Libertad sintió que le hablaba a uno de esos rubios altos que visitan a veces las ferias artesanales, con ropas raras y cámaras grandes colgando del cuello. Recibió de su padre la misma mirada, como si le estuviera hablando en otro idioma. “…Sí hija esta bien, pero nuestra rutina antes de Mimi no era nada. Con Mimi estabamos ganando el triple, ¿Cómo crees que logré pagar esta habitación por tanto tiempo?...Ahora no sé que vamos a hacer…tendremos que buscar un lugar más barato donde vivir…lejos del metro y de esta vecindad…quizás tendremos que dormir algunos días en…en…la…calle” Con esa última palabra, Manuel se largo a llorar nuevamente, apretando con fuerza las manos de su hija. Libertad sintió el calor de las manos regordetas de su padre por primera vez en años, y la culpabilidad más que pena, le provocaba molestia. Como una picazón en la espalda que por más que trataba simplemente no alcanzaba a rascarse. No podía seguir así, con esa picazón. Tenía que haber algo que podían hacer, no podía dejar atrás a Angelo ni a la señora Julia, ni los libros que le regalaban, ni su cajita de zapatos. Y así fue que sucedió.

Varios días después, Manuel tocaba el organillo fuera del metro, como siempre. Masas de gente que salían de allí se paraban a ver el show, después de una cansadora rutina de trabajo. Los cachetes rojos de Manuel sudaban con alegría con el sonido de monedas que caían y caían sobre el sombrero negro de Libertad en el suelo. Frente a Manuel, justo al medio de la masa de gente, que conformaban una sola y grande sonrisa, estaba Libertad, vestida con una pequeña chaquetita roja y un sombrero con bordeados dorados, y una cola falsa salía de un hoyo en sus pantalones, mientras Libertad bailaba y saltaba como un simio. Libertad veía al principio caras de horror y espanto, que con el pasar de los días se fueron convirtiendo en aplausos lentos, extraños, pero aplausos finalmente, mezclado con risas de otros niños de su edad que la observaban al pasar, apuntandola. A Libertad no le importaba la razón, sólo el aplauso y el interés que parecía provocar. Su padre había vuelto a sonreír y eso era lo único que importaba. Además, esto era lo más parecido que se le podía ocurrir a ser alguna vez la estatua de la libertad.




por Francisca Zenteno V. Mayo, 2010.

sábado, abril 17

CONSEJOS DE UNA ORUGA

La Oruga y Alicia se estuvieron mirando un rato en silencio: por fin la Oruga se sacó la pipa de la boca, y se dirigió a la niña en voz lánguida y adormilada.

--¿Quién eres tú? --dijo la Oruga.

No era una forma demasiado alentadora de empezar una conversación. Alicia contestó un poco intimidada:

--Apenas sé, señora, lo que soy en este momento... Sí sé quién era al levantarme esta mañana, pero creo que he cambiado varias veces desde entonces.

--¿Qué quieres decir con eso? --preguntó la Oruga con severidad -. ¡A ver si te aclaras contigo misma!

--Temo que no puedo aclarar nada conmigo misma, señora --dijo Alicia--, porque yo no soy yo misma, ya lo ve.

--No veo nada --protestó la Oruga.

--Temo que no podré explicarlo con más claridad --insistió Alicia con voz amable--, porque para empezar ni siquiera lo entiendo yo misma, y eso de cambiar tantas veces de estatura en un solo día resulta bastante desconcertante.

--No resulta nada --replicó la Oruga.

--Bueno, quizás usted no haya sentido hasta ahora nada parecido --dijo Alicia--, pero cuando se convierta en crisálida, cosa que ocurrirá cualquier día, y después en mariposa, me parece que todo le parecerá un poco raro, ¿no cree?

--Ni pizca --declaró la Oruga.

--Bueno, quizá los sentimientos de usted sean distintos a los míos, porque le aseguro que a mi me parecería muy raro.

--¡A ti! --dijo la Oruga con desprecio--. ¿Quién eres tú?


Con lo cual volvían al principio de la conversación. Alicia empezaba a sentirse molesta con la Oruga, por esas observaciones tan secas y cortantes, de modo que se puso tiesa como un rábano y le dijo con severidad:

--Me parece que es usted la que debería decirme primero quién es.

--¿Por qué? --inquirió la Oruga.

Era otra pregunta difícil, y como a Alicia no se le ocurrió ninguna respuesta convincente y como la Oruga parecía seguir en un estado de ánimo de lo más antipático, la niña dio media vuelta para marcharse.

--¡Ven aquí! --la llamó la Oruga a sus espaldas--. ¡Tengo algo importante que decirte!

Estas palabras sonaban prometedoras, y Alicia dio otra media vuelta y volvió atrás.

--¡Vigila este mal genio! --sentenció la Oruga.

--¿Es eso todo? --preguntó Alicia, tragándose la rabia lo mejor que pudo.

--No --dijo la Oruga.

Alicia decidió que sería mejor esperar, ya que no tenía otra cosa que hacer, y ver si la Oruga decía por fin algo que mereciera la pena. Durante unos minutos la Oruga siguió fumando sin decir palabra, pero después abrió los brazos, volvió a sacarse la pipa de la boca y dijo:

--Así que tú crees haber cambiado, ¿no?

--Mucho me temo que si, señora. No me acuerdo de cosas que antes sabía muy bien, y no pasan diez minutos sin que cambie de tamaño.

--¿No te acuerdas ¿de qué cosas?

--Bueno, intenté recitar los versos de "Ved cómo la industriosa abeja... pero todo me salió distinto, completamente distinto y seguí hablando de cocodrilos".

--Pues bien, haremos una cosa.

--¿Que?

--Recítame eso de "Ha envejecido, Padre Guillermo..." --Ordenó la Oruga.

Alicia cruzó los brazos y empezó a recitar el poema:

"Ha envejecido, Padre Guillermo," dijo el chico,
"Y su pelo está lleno de canas;
Sin embargo siempre hace el pino
-- ¿Con sus años aún tiene las ganas?

"Cuando joven," dijo Padre Guillermo a su hijo,
"No quería dañarme el coco;
Pero ya no me da ningún miedo,
Que de mis sesos me queda muy poco."


"Ha envejecido," dijo el muchacho,
"Como ya se ha dicho;
Sin embargo entró capotando
-- ¿Como aún puede andar como un bicho?

"Cuando joven," dijo el sabio, meneando su pelo blanco,
"Me mantenía el cuerpo muy ágil
Con ayuda medicinal y, si puedo ser franco,
Debes probarlo para no acabar débil."

"Ha envejecido," dijo el chico, "y tiene los dientes inútiles
para más que agua y vino;
Pero zampó el ganso hasta los huesos frágiles
-- A ver, señor, ¿que es el tino?"

Cuando joven," dijo su padre, "me empeñé en ser abogado,
Y discutía la ley con mi esposa;
Y por eso, toda mi vida me ha durado
Una mandíbula muy fuerte y musculosa."

"Ha envejecido y sería muy raro," dijo el chico,
"Si aún tuviera la vista perfecta;
¿Pues cómo hizo bailar en su pico
Esta anguila de forma tan recta?"

"Tres preguntas ya has posado,
Y a ninguna más contestaré.
Si no te vas ahora mismo,
¡Vaya golpe que te pegaré!

--Eso no está bien --dijo la Oruga.

--No, me temo que no está del todo bien --reconoció Alicia con timidez--. Algunas palabras tal vez me han salido revueltas.

--Está mal de cabo a rabo-- sentenció la Oruga en tono implacable, y siguió un silencio de varios minutos.



Estracto de "Alicia en el país de las maravillas" de Lewis Carroll.

lunes, abril 12

VERSUS

Es la cosa más extraña la debilidad humana. El ser contra el querer ser, el sentir contra el no querer sentir. Somos verdaderamente dos personas distintas dentro de un mismo cuerpo, a veces hasta tres o cuatro. Que daría en algunos momentos por poder ser lo que demuestro, por tener la valentía que grito, por tener el cuerpo con el que en mi mente camino. ¿Es la felicidad en la vida llegar a ser el "yo perfecto" que vive en nuestra cabeza? O es el finalmente derrocarlo y simplemente ser feliz con quienes somos? ¿El aceptarse versus el superarse? Pero, ¿quién gana? yo no gano. Esta lucha patetica me tiene derribada. No puedo ser quien soy, no puedo ser quien quiero ser, ¿qué puedo ser entonces? ¿Otra persona totalmente ajena? A veces siento que en eso me he convertido. Una persona ajena de la que me sorprendo. Me extrañan sus reacciones, sus risas, sus comentarios. Casi siempre habla antes de yo siquiera saber quien va a decir, ¡Y con el descaro de hablar con MI boca!

No quiero más lucha, no quiero más gente dentro. Quiero ser quien soy.
Para eso primero tengo que encontrar a esa persona y empezar a conocerla...

"De La Vida De Las Marionetas"



de Ingmar Bergman



Antes que todo debo aclarar en nombre de mi queridísimo Ingmar que ”De la vida de las marionetas” NO es efectivamente una película sino un especial de televisión de 1 hora y 45 minutos aproximadamente que más tarde paso a distribuirse como película. Y aprovechando que estamos dando datos freak, les cuento que esta película fue grabada en Múnich, durante el tiempo de exilio de Bergman de Suecia. Habiendo dicho todo eso, nos lanzamos de lleno a las calificaciones.


Actuación: 10/10 (como siempre)

Fotografía: 10/10 (ídem)

Guión entretenido y coherente: 1.000/1.000

Escenas oníricas raras y monólogos gigantes fuera de contexto: WE HAVE A WINNER!



Mejor partamos por la SINOPSIS. La historia toma el matrimonio de Peter y Katarina Egermann, que llegamos a conocer

brevemente en el pasado especial de televisión de Bergman “Escenas de un matrimonio”. Peter, un hombre depresivo que constantemente reprime sus más íntimos sentimientos y deseos, y Katarina, siempre en busca de nuevas aventuras y amantes. La película parte con el asesinato de una prostituta en manos de Peter y el resto de la historia es contada de forma no linear, mostrando escenas previas al asesinato y posteriores al mismo, que nos explicarían por qué Peter hizo lo que hizo, contando con relatos de personajes secundarios como su amigo psiquiatra, el Profesor Mogens Jensen (Martin Benrath), Tim (Walter Schmidinger) íntimo amigo gay de la pareja y colega de Katarina de años, y Cordelia Egermann, madre de Peter.


Ahora vamos a lo bueno, ¿Por qué deberían verla?

Les cuento porque. Bueno, primero que todo porque es Bergman, genio. Segundo, es una de las películas más crudas que ha realizado Bergman. La trama aunque parece superficialmente simple es verdaderamente compleja y confusa, no desde una perspectiva narrativa, como podría ser “Abre los Ojos” de Amenábar, donde cada par de escenas que pasan uno no entiende nada hasta el final, sino desde el punto de vista psicológico de los personajes, la especialidad de Bergman. En mi opinión (muy subjetiva), creo que nunca he visto personajes en películas tan parecidos a los que conocemos todos los días en nuestra vida real como en las películas de Bergman, y aunque a veces las razones o intenciones de los personajes nos pueden parecer demasiado ajenas, Bergman siempre logra involucrar una cierta cantidad de antecedentes y sentimientos que nos hacen relacionarnos con el personaje, por muy bizarra que sea su historia. No hay nada que le pase a los personajes que no nos haya pasado o no hayamos sentido alguna vez nosotros.

Que no panda el cúnico, estoy pensando más razones…


Bueno está de más con un director así decir que la fotografía es excelente, parte con una secuencia en colores y al terminar la primera escena los colores se secan, dejando la película en blanco y negro hasta la última secuencia de la película. Los planos están más que cuidadosamente pensados, en todo momento la imagen es preciosa, buscando ángulos diferentes y utilizando todo el espacio en una determinada habitación, jugando con distintas iluminaciones en las diferentes partes de la misma. Está llena de pequeños detalles típicos del director, como lo son los primeros planos a las caras de los personajes en casi todo momento, el constante sonido de relojes y, una escena que me gustaría destacar que aquellos que han visto más películas de Bergman entenderán (no pondré que hay una alerta de spoiler porque no delataré nada que pueda adelantarles información importante sobre lo que ocurre en la película). Hay una escena donde Katarina recurre a su amigo Tim (amigo íntimo homosexual del que hablé en la sinopsis). La conversación nace a raíz de la tristeza de Katarina por la depresión de Peter, y comienza aquí la “secuencia de los monólogos”, como la llamo yo. En toda película de Bergman, y esto es uno de sus trademarks por decirlo así, hay un momento en que dos personajes parecen tener una conversación sacada totalmente del contexto de la película, donde cuentan algo muy íntimo, un sentimiento, un pensamiento, un sueño, etc. Generalmente son dos monólogos que se contrastan, dos ideas opuestas, o, simplemente dos ideas distintas pero no necesariamente opuestas. Esta secuencia siempre es contada utilizando primeros planos de las caras de sus relatadores muy cerrados, sin ningún tipo de musicalización y con gestos faciales que delatan mucho de lo que está sintiendo el personaje. Las primeras veces que vi estas secuencias en sus películas me pareció totalmente innecesario, como que el director hubiera tenido muchas ganas de contar una idea y no encontró mejor forma que poner una conversación que no ayuda a que la historia avance. Después de haber visto tantas de sus películas entiendo que, al contrario de lo que yo pensaba, estas escenas engloban la esencia de cada una de sus películas, su premisa, y finalmente lo que nos ayudará a entender por qué pasa todo lo que pasa. Particularmente en “De la vida de las marionetas”, el monologo de Tim sobre la vejez, en mi opinión, es quizás uno de los mejores monólogos que he visto. Personalmente me sentí muy identificada con todo lo que dijo.

No les diré que vean esta película porque tiene un final que nunca se imaginan, porque la película parte con su final. Y aunque desde las primeras escenas creemos ya saber por qué Peter mato a la prostituta, el llegar a entender en mayor profundidad lo que creemos que ya sabemos es lo que nos ofrece Bergman en todas sus películas. Es simplemente sentarse a analizar las cosas que miramos por encima, es un viaje al inconsciente de sus personajes, mostrándonos todo lo que está en ellos a través de gestos y una genial dirección de actores. El final no es inesperado, sino que es la suma de todas las partes de la película, que ya creemos tener en nuestras manos pero luego nos damos cuenta que no eran tan así como pensábamos. O será que estoy prejuiciada y simplemente amo a Bergman. Tú dime.


RESUMEN


RAZONES POR LAS QUE NO ME GUSTO:

-Ninguna. BERGMAN DAME UN HIJO.


RAZONES POR LAS QUE ME GUSTO:

-La actuación es magnífica como siempre.

-la fotografía preciosa.

- los diálogos son fluidos y al mismo tiempo un tanto surreales.

-la historia está contada de una forma muy original que ayuda al desarrollo de la historia más que una narración linear.

-AMO A BERGMAN.

domingo, abril 11

Nada nuevo

Podría haber elegido peor día para re-inaugurar el blog pero tristemente mi inspiración nace de mis días más opacos y planos.

Hoy es un día de esos en que siento que pasa el tiempo pero la vida no avanza. O será que no quiero avanzar…quién sabe. La única forma de sentirnos seguros es apegarnos a una rutina, sea buena o mala, en mi caso sólo es, y sólo quiero seguir siendo, no quiero cambiar, no quiero seguir, no quiero que nada termine ni empiece. No es falta de voluntad ni cobardía, es sólo el deseo de no vivir atada a nada y hacer lo que me plazca pero la vida no es así y nos dicen que así no se puede vivir así que no me queda más que apegarme a mis responsabilidades y trabajar por cosas que no tengo muy claras.

Prometo escribir cosas menos bajoneantes, uno que otro comentario de películas y música. Por el momento, disculpe lo poco.

lunes, abril 13

"PLAY"

Cada día es otro más que se va, y las cosas parecen seguir siempre ahí, inmóviles, pero hoy me di cuenta que no es así. Las cosas no están siempre ahí como en “pausa”. Mejor dicho sí. Las cosas están siempre ahí, siempre en “pausa”, pero nunca en “stop”. Un movimiento en falso y las cosas se echan andar a tus espaldas. Y antes que te des cuenta dejaste ir algo valioso, dejaste de ser amigo/a de esa persona que tanto quisiste, dejaste pasar esa oportunidad que sabías que tenías y no tomaste a tiempo. Las cosas, la gente, los lugares, todo cambia. Un día soy tu amiga, al siguiente tu confidente, la semana siguiente quizás seré como tu hermana, y en un par de semanas más podemos ser desconocidos. Somos el centro del remolino que gira sus pétalos a nuestro alrededor, y cuando todo se ve de un solo color, el remolino para y distinguimos los otros matices, y cuando todo está quieto vuelve a girar.

Contento. Abatido. Aquí. Allá. Verde. Roja. Stop. Play.

Podemos jugar el juego o sentarnos en la banca. Pero en la banca siempre hace más frío en invierno.

viernes, abril 3

Supersonic Overdrive

Hay momentos, pocos, en los que logro una verdadera desconexión del mundo. Hoy tuve uno de esos momentos. Por varios minutos que parecían horas sentía los copos de nieve, como témpanos, cayendo en mi lengua, estremeciendo mi cuerpo, erizando mi piel. La libertad congelada que me acogía y me elevaba por sobre el mundo bajo mis pies, por sobre el calor de la ciudad, justo entre el viento helado del cielo y la humedad del ser humano. La adrenalina sigue en mis venas, como haber pasado un susto. Puede ser que así allá sido, mal que mal, la libertad puede ser aterradora.


“Le Disko” – Shiny Toy Guns


Hello little boys, little toys
We’re the dreams you'll believe in
Crawling up the walls
Running down your face
Razor sharp, razor clean
Feel the weapon's sensation
On your back...
With loaded guns

Now hold on to me pretty baby
If you want to fly
I’m gonna melt the fever sugar
Rolling back your eyes

[Coro]

We're gonna ride the race cars
We’re gonna dance on fire
We’re the girls Le Disko
Supersonic overdrive

So what's it gonna take?
Silver shadow believer....
Spock rocker with your dirty eyes

It's a chance, gonna move
gonna fuck up your ego
silly boy, gonna make you cry

Now hold on to me pretty baby
If you want to fly
I’m gonna melt the fever sugar
Rolling back your eyes

[Coro x2]
If what they say is true...
You’re a boy - and I'm a girl
I will never fall in love with you

[Coro x3]

lunes, marzo 30

Procesos

Pasan los días, las horas, minutos. Despierto el lunes y antes de pestañar ya es viernes y estoy planeando carrete. Las clases, el almuerzo, trabajos, messenger, facebook, dormir. Paf!

Pensar que pasé 12 años en el colegio. Pensar que tuve que esperar 12 años para llegar donde estoy, y ahora que estoy dentro de la universidad, no se me hace tan distinto. La rutina sigue siendo la misma, la socialización, el cansancio, el calor. La única y gran diferencia es que esta es la rutina que YO elegí. Los trabajos no parecen tan pajeros, ni la socialización es una obligación, el cansancio se siente merecido y fructífero y el calor de mierda, bueno, sigue siendo el calor de mierda, si la universidad no hace milagros.

Es como cuando era chica y de sapa no más me puse a intrusear los cuadernos de mi primo grande. Yo tenía 12 y el 16. Agarre su cuaderno de matematicas tratando de darmelas de sabelotoda avanzada en mate, tiempos aquellos en los que me iba excelente en el ramo, y la verdad es que no entendí nada de lo que le estaban pasando. Veía letras, símbolos raros, muchos números juntos. Una enredadera de tallarines que no sabía ni por donde se empezaba a mirar el ejercicio. Años más tarde, a los 16 o 17 cuando empece a ver la misma materia me acorde de esto. Y me di cuenta que en ese momento, después de haber aprendido todo lo que no sabía a los 12, no era tan dificil la materia. No era imposible de entender, como había pensado yo. Había vivido y aprendido lo necesario para llegar a ese curso a enfrentarme a esos ejercicios de matemáticas.

Con 18 años (tirados a 19....ouch) puedo decir que fue un tramite largo, un tanto doloroso, un tanto pajero, pero al fin y al cabo necesario para formar la persona que soy con las herramientas necesarias para afrontar el desafío que es la educación superior. Si hubiera entrado un año atrás hubiera sido un gastadero de plata. No haber entrado este año hubiera sido una perdida de tiempo mi vida. Que sabio el sistema, o la vida en realidad (prefiero pensar que es la vida) como nos hace vivir los procesos necesarios para ir escalando los peldaños cuando es debido.

Hace un mes no me sentía preparada. Un mes después puedo decir que cada vez me convenso más de sí estarlo. Pero es un proceso que hay que vivir, y probablemente esto también me preparara para los desafíos de más adelante, como encontrar pega, independizarme, sacarme la cresta para tener lo que quiero, etc. Será un trámite igual de doloroso, pero a diferencia del colegio, estoy entrando con la madurez suficiente para darme cuenta que esto es lo que YO quiero para mi vida.